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Aprender de los desastres

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Entrevista con Margaret Arnold, Directora de Programa de la Unidad de Gestión de Riesgos del Banco Mundial.

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10 de junio de 2005El Banco Mundial, como parte del proceso de reconstrucción, ha entregado donaciones en efectivo a las personas que se encuentran en las zonas afectadas por el tsunami. El dinero se ha utilizado para remover escombros, reparar casas y edificios dañados y ayudar a la gente a recuperar su forma de sustento.

 

Los esfuerzos que realiza el Banco Mundial para velar por que se consulte a las comunidades devastadas por el tsunami ocurrido en diciembre pasado son esenciales a la hora de ayudar a las personas a recuperarse psicológicamente de los efectos del peor desastre natural que haya presenciado el planeta.

 

Esa es la visión que tiene Margaret Arnold, directora de la Unidad de Gestión de Riesgos del Banco Mundial, unidad que ha jugado un papel fundamental en lo que se refiere a compartir las lecciones aprendidas a partir de otros desastres acontecidos en el mundo.

 

Arnold afirma que la respuesta del Banco al tsunami pone mayor énfasis en la necesidad de restaurar las formas de sustento de las personas que se encuentran en las zonas afectadas por el tsunami.

En parte, ese énfasis de demuestra con la entrega de donaciones directas en efectivo, donaciones para vivienda destinadas a iniciar el proceso de reconstrucción, además de donaciones dirigidas a las comunidades para remover el ripio y los escombros o emprender reparaciones de edificios o servicios dañados. 

 

Según afirma Arnold, “estos programas ayudan también a abordar el trauma psicológico ya que las personas toman parte activa en la recuperación y reconstrucción de sus comunidades”.

 

Enfoque en las formas de sustento

 

La necesidad de centrar los esfuerzos en restaurar las formas de sustento de la gente fue una de las revelaciones más importantes de los estudios de casos prácticos que emprendió la Unida de Gestión de Riesgos y el ProVention Consortium.  ProVention Consortium es una coalición mundial de gobiernos, organizaciones internacionales, instituciones académicas, el sector privado y organizaciones de la sociedad civil cuya meta es reducir la consecuencia de los desastres en los países en desarrollo.

Arnold afirma que estas lecciones han servido para orientar el apoyo que presta la Unidad a los equipos del Banco destacados en los países afectados por el tsunami.

 

Según afirma, “una de las principales lecciones que hemos aprendido es que el proceso de recuperación no siempre es bien entendido”.

 

Y agrega: “Los anteriores programas de recuperación no consideraban tan importante restaurar las formas de sustento; no obstante, hemos aprendido de ello. En la actualidad, los programas de recuperación del tsunami sí ponen mayor énfasis al respecto en las zonas afectadas”.

 

La Unidad de Gestión de Riesgos ha jugado un papel importante en términos de intercambio de lecciones y coordinación entre los equipos del Banco que trabajan en los cuatro países afectados por el tsunami: India, Indonesia, Sri Lanka y Maldivas

Uno de los países en que se observa este mayor énfasis es Sri Lanka, donde más de 11.500 hogares ya han recibido el primer pago de una donación para la vivienda, cuyo valor equivale a Rs50.000(cerca de US$500) y que tiene como fin poner en marcha el proceso de reconstrucción. Aparte de las donaciones para la vivienda en Sri Lanka, unas 140.000 familias cuentan ahora con dinero en efectivo gracias a las denominadas donaciones en efectivo para formas de sustento, las que entregan a las familias Rs5.000 (cerca de US$50) al mes durante un período de cuatro meses.

 

Otro ejemplo de donaciones cuyo fin es restaurar la forma de sustento de la gente se presenta en India. Los fondos del Banco Mundial ya han ayudado a los pescadores del estado de Andhra Pradesh a recuperar su forma de sustento y volver al mar, todo esto por medio de la entrega de botes y redes de pesca.

 

En el caso de Indonesia, los poblados de Aceh han podido conseguir fondos para proyectos de reconstrucción comunitarios a pequeña escala, lo que ha servido para restaurar el abastecimiento de agua y saneamiento y reparar viviendas.

 

Participación comunitaria

 

Arnold afirma que los estudios realizados por la Unidad de Gestión de Riesgos revelaron además otras lecciones importantes sobre la recuperación ante desastres, entre las cuales figura la necesidad fundamental de contar con una participación comunitaria decidida y significativa.

“Esta participación asegura que las personas afectadas sean parte esencial en el diseño y la puesta en marcha del proceso de recuperación y reconstrucción de sus comunidades, lo que genera una serie de beneficios: crea capacidad a nivel local, fomenta el mejor gobierno, aumenta el capital social, promueve la inserción de grupos generalmente marginados, asegura la autoría y la sostenibilidad y ayuda a la ejecución eficaz de los proyectos”.

 

Un ejemplo clásico del enfoque impulsado por la comunidad puesto en acción se aprecia en Indonesia a través del Programa de Desarrollo Kecamatan, que recibe el apoyo del Banco. Si bien este programa existía antes que el tsunami devastara la región, fue potenciado con el fin de permitir la participación de los lugareños en el proceso de reconstrucción.

 

Como parte de ese programa, el Banco tiene cerca de 6.000 personas que abarcan unos 2.000 poblados en Aceh, aproximadamente la mitad de los poblados de la región. Estas personas se acercan a las comunidades y las ayudan a definir y compartir sus necesidades en materia de reconstrucción. En respuesta a una solicitud del Gobierno de Indonesia, el Banco piensa ampliar el programa para llegar a todos los poblados de Aceh en los meses venideros.
 
Hacerlo bien

 

Arnold afirma que otra lección aprendida en la gestión de otros desastres es que, si bien la reconstrucción puede llevar tiempo, es importante hacerlo bien. 

 

Según dice, en esta etapa el proceso de reconstrucción a la fecha ha logrado buenos avances en algunas zonas.

 

“Algunas zonas avanzan bastante bien, mientras que en otras vemos las demoras y frustraciones típicas de muchos casos de recuperación de desastres en el mundo. Por otra parte, ciertamente algunas de las demoras son específicas de cada país, pero otras son bastante normales en estos casos“.
 
Arnold afirma que es común después de un desastre natural esperar que la reconstrucción a gran escala lleve algún tiempo.

 

“La cosa es así particularmente si existe una real preocupación por levantar construcciones de mejor calidad, para que las comunidades puedan adaptarse mejor a los desastres en el futuro”.

 

“Los desastres, en particular en los países en desarrollo, afectan siempre más a los pobres, de ahí que sea sumamente importante para luchar contra la pobreza contar con programas bien focalizados y eficaces. Así, es crucial aplicar las medidas correctas y tener en cuenta el cronograma de los procesos y programas de recuperación.

 

“Todo lo que puedo decir por experiencia es que vale la pena tomarse el tiempo para asegurar que el proceso de recuperación se lleve a cabo de la manera más eficaz y equitativa posible, de forma tal que las comunidades realmente puedan contar con construcciones de mejor calidad y tengan mayor capacidad para adaptarse a los desastres futuros”. 

 




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